"Aquí, como en el acto religioso, en el amor, en la acción moral y en el conocimiento, me trasciendo a mí mismo y en ninguna otra actividad logro ser más yo" (C.S. Lewis)





"...con la sensibilidad de quien no tiene piel y lo siente todo, pero aguanta el golpe para contarlo." (Manuel Rivas, Las voces bajas)






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lunes, 8 de agosto de 2011

Si las sirenas amasen



Me siento delante del mar y dejo que la sal me cale el alma.
Cierro los ojos y respiro bocanadas de recuerdos.
Y confundo el ayer, el hoy y el siempre.
Las olas luchan en una carrera frenética sin saber
que la que antes llegue a la orilla
será la primera que desaparezca absorbida por el cielo y la tierra.
A mi espalda corren en tropel, tropiezan nombres, fechas, lugares… sin saber
que el que antes llegue a mi mente
será el primero en evaporarse en forma de lágrima.

A lo lejos el faro va a encenderse,
recuerdo las noches en que se apagaba para que unos ojos iluminasen el mundo,
las noches en las que los barcos ya no buscaban el norte
sino la luz de unos ojos de sirena
que se marchaban al alba dejándolos perdidos para siempre.
Las sirenas huían, pero, ¿amaron alguna vez?
Sonrío, porque sé la respuesta o porque creo saberla.
Un haz luminoso oculta por un momento el reflejo marino de la luna.
Las luces del mundo se funden en una sola y parece que no hay nada más;
como cuando una sirena te mira y sientes
que si ahora dejase de mirarte
te hundirías para siempre en el país de los pozos oscuros
donde las sirenas cierran los ojos eternamente y los marineros mueren.
De desesperación.

Lloro, porque yo también estuve muerta entre las algas
buscando en las conchas un resplandor verdoso que me recordase su mirada.

A lo  lejos un delfín salta intentando besar a la luna.
Me recuerda a mí misma tratando de abrazar a una sombra de espuma que se marchaba.

Un tumulto de recuerdos  lucha a mi espalda. Corren, tropiezan.

Veo una sombra que salta tras el delfín queriendo abrazar la aleta enamorada.

El primer recuerdo de esta tarde se evapora
y su sal me escuece en las mejillas.
Yo también fui sirena
y también cerré los ojos a los marineros muertos
que buscaban un resplandor verdoso a mis pies.

 (De Alma soñada)