Ya ni si quiera sé adónde escribirte
(es otra usurpación que impone el tiempo)
así que apuesto por la fe en la noche y
en uno de estos bancos,
(los de siempre)
donde aprendí a besar y a echar de menos.
Sigo creyendo en ti y
en los poemas,
en los acordes ocres que temblaban
en tu voz apagada y tus pupilas.
Sigo creyendo en ti y en la poesía
que se escribe en un patio de colegio
y que paga por lágrimas y heridas.
Y hoy ni siquiera sé adónde escribirte.
Pero en un banco cualquiera de los nuestros,
una noche cualquiera de septiembre,
necesito decirte que te quiero,
recordar que no llueve eternamente y
creer
que leerás este poema
y en mis versos,
sabrás reconocerte.


